Indignaos

En Francia, en Estados Unidos, en Mexico, en Brasil, en el corazón de Europa, en España......


Voces aisladas pero contundentes de los que se atreven a gritar lo que los demás silencian y callan. Voces solitarias que  tratan de llamar nuestra atención, ante la magnitud de lo que está sucediendo en todos los países del mundo. Los problemas son ahora globales:

  • La pérdida generalizada de valores
  • La apatía de las personas.
  • Su indiferencia total ante los recortes de derechos y libertades.
  • La ausencia de liderazgo
  • Anomia generalizada
  • La corrupción de los gobiernos
  • El control mental realizado por los medios de comunicación controlados directamente por el poder
  • Gobiernos sometidos a los intereses “de los mercados”
  • El enorme peligro al que nos estamos enfrentando si no somos capaces de reaccionar

Este post pretende colaborar a sacudir la inercia, a remover las conciencias que aún permanecen hipnotizadas y pasivas ante lo que está sucediendo…
Mientras nuestro conocimiento de las cosas es sólo algo racional, no solemos cambiar nuestros comportamientos, aunque sean ineficaces o poco adaptativos. Sólo  nos decidimos a pasar a la acción cuando los sucesos nos afectan a nivel emocional.
La cólera, la rabia son emociones que forman parte de nuestro arsenal emocional. Y desde luego, tienen todo su sentido. Son ellas las que nos “encienden” y movilizan ante lo injusto y ante lo indigno. Ellas constituyen el componente ígneo de nuestra naturaleza. Por eso, conocemos el riesgo asociado que conllevan.
El ser humano consiguió aprender a dominar el fuego, a ponerlo a su servicio para poder utilizarlo de forma creativa. El fuego desatado asuela, destruye, arrasa. El fuego dirigido desde la autoconciencia, impulsa, propulsa, purifica, destruye lo injusto, equilibra los excesos de inercia, de pasividad, de benevolencia.
Desde que se publicó el 20 de octubre de 2010, el libro titulado “Indignez-vous!”, de Stéphane Hessel , ha alcanzado una tirada record de 1.000.000 de ejemplares, convirtiéndose en un auténtico fenómeno editorial. La editorial ha recibido solicitudes de traducción de todo el mundo: Alemania, Polonia, Grecia, Gran Bretaña, España, Portugal, Turquía, Líbano, Corea del Sur o Japón.

Stéphane Hessel, su autor es un hombre de 93 años, antiguo combatiente de la resistencia francesa, superviviente de los campos de concentración de Buchenwald y Dora, uno de los redactores en 1948 de la Declaración de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, embajador de Francia y Comendador de la Legión de Honor, intensamente comprometido en la defensa de los sin-papeles en Francia, y en la creación de un Estado palestino en Oriente Próximo.

El mensaje que Stéphane  Hessel nos dirige no admite dudas:

La indiferencia es la peor de las actitudes

¡Indignaos!… Cuando algo nos indigna nos sentimos comprometidos y entonces, nos convertimos en militantes
  • Hay una amnesia generalizada de la sociedad, despreocupada del desastre ecológico planetario, haciendo especial énfasis en la falta de rumbo y en la pérdida del sentido de los dirigentes políticos por su apoyo a los grandes consorcios bancarios y corporaciones multinacionales, en detrimento de los ciudadanos, en un momento en que la crisis está acabando con el bienestar social en Europa.Tenemos unos gobiernos que son manipulados por el poder del dinero y que no hacen el trabajo que habría que exigirles que hagan en favor de mayor justicia. Tenemos muchas razones para estar indignados.
  • Hay una diferencia radical entre lo que es legal y lo que es legítimo. Y cuando algo parece ser legal y nos parecen  ilegítimo, es preciso que allí donde sea tengamos el mismo reflejo que tuvimos en el tiempo de Vichy para decir: la legalidad no nos concierne, ¡nos resistimos! Es la legitimidad  lo que  nos importa a nosotros! Y así, cuando hay valores legítimos y que no son aplicados legalmente, se debe saber desobedecer.
  • ¿Por qué tenemos que soportar las cosas que aborrecemos? En este mundo hay cosas insoportables. En primer lugar: la naturaleza del sistema económico responsable de la actual crisis devastadora. La dictadura de los mercados internacionales constituye una amenaza para la paz y la democracia. Nunca el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta, y nunca los fieles servidores de Don Dinero se situaron tan alto en las máximas esferas del Estado. La brecha entre los más pobres y los más ricos jamás ha sido tan profunda; ni tan espoleados el afán de aplastar al prójimo y la avidez por el dinero.
  • Deseo que halléis un motivo de indignación. Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna nos sentimos comprometidos y entonces, nos convertimos en militantes.
  • Hace un llamamiento a una insurrección pacífica, en especial a los jóvenes para rescatar los verdaderos valores, oponiéndose a todo tipo de totalitarismos y dictaduras. Y a rescatar la verdadera democracia, a exigir independencia a los medios y enfrentarse al acoso a la libertad de prensa; a mostrar su enfado ante la desigualdad, la pobreza, o la despiadada dictadura económica de los mercados financieros.
  • Lo que está siendo cuestionado es la base de las conquistas sociales. ¿Quién controla, quién decide y quiénes son los interesados en esas decisiones descabelladas? Por eso hace falta que nos indignemos cuando percibimos que hay cosas intolerables.
  • Y recuerda a Nelson Mandela y a Martin Luther King. Ellos nos indican el camino que debemos aprender a seguir. Porque, para avanzar, sólo existe una conducta: “apoyarnos en nuestros derechos, cuya violación -sea quien sea el autor de ésta-, debe provocar nuestra indignación. ¡No transijamos jamás con nuestros derechos!”.
  AL SORDO HAY QUE GRITARLE



No llegas a ningún lado, si te quedas en la orilla esperando que alguién tome la iniciativa
Lee Iaccoca es un personaje conocidísimo en el mundo del automóvil en América. Fue un alto ejecutivo de la Ford y posteriormente de la empresa Chrysler, de la que fue nombrado director ejecutivo, y a la que relanzó en un momento en el que se encontraba al borde de la quiebra. Su autobiografía  “Iaccoca: una biografía”, editada en 1983, vendió siete millones de ejemplares sólo en los EE.UU, expandiéndose por el mundo traducida a seis idiomas y siendo el libro mas vendido en no ficción en 1983 y 1984. Actualmente tiene 86 años, y hace tres publicó su último libro, titulado “¿Adónde se han ido todos los líderes?Su mensaje, sobre la deriva de la sociedad y la falta de líderes capaces de iniciar procesos coincide, en muchos aspectos, con el del propio Hessel
 ¿Soy el único tipo en el país que está harto de lo que está sucediendo? ¿En dónde diablos está nuestra ira? ¡Deberíamos estar pidiendo a gritos que rueden cabezas! Tenemos a una pandilla de payasos despistados al mando y nos están llevando derecho al barranco; tenemos pandilleros corporativos robándonos descaradamente, y ni siquiera podemos limpiar los destrozos causados por un huracán, mucho menos construir un automóvil híbrido. Pero en lugar de enojarnos, todos nos quedamos sentaditos y callados mientras los políticos dicen, “mantengamos el rumbo”.
Los líderes se hacen, no nacen. El liderazgo se forja en tiempos de crisis. Es fácil sentarse tras tu escritorio y hablar. O enviar a los hijos de alguien más a una guerra cuando tú mismo nunca has visto un campo de batalla. Pero otra cosa muy distinta es dirigir cuando tu mundo se está despedazando.
 El 11 de septiembre de 2001, necesitamos de un líder fuerte más que nunca antes en nuestra historia. Necesitamos de una mano firme que nos sacara de las cenizas. No la tuvimos, y aquí estamos: metidos en una guerra sangrienta sin un plan para ganarla y sin planes para abandonarla.
 Estamos perdiendo la ventaja competitiva en manufactura ante Asia, mientras nuestras, alguna vez grandes empresas, están siendo destrozadas por los costos del sistema de salud. Los precios del combustible están por los cielos, y nadie en el poder tiene una política energética coherente. Nuestras escuelas están en apuros debido a la falta de liderazgo en los distritos escolares. Nuestras fronteras son como coladeras… La clase media está siendo exprimida de todas formas. Es tiempo de exigir un buen liderazgo.
“¿A dónde se fueron los líderes?” ¿Dónde están los comunicadores curiosos y creativos? ¿Dónde está la gente de carácter, coraje, convicción, omnipotencia, y sentido común? Menciona un solo líder que tenga una mejor idea para la seguridad nacional que hacernos quitar los zapatos y tirar nuestro shampoo en los aeropuertos. Hemos gastado miles de millones de dólares construyendo una enorme nueva burocracia, y todo lo que sabemos hacer es reaccionar ante las cosas que ya sucedieron.
 Todo el mundo está cruzando los dedos, esperando que eso no sucederá otra vez. Eso es absurdo. Las tormentas ocurren. Acostúmbrate. Haz un plan. Piensa qué vas a hacer la próxima vez.
 Menciona un solo líder gubernamental que pueda elaborar un plan para pagar la deuda, o resolver la crisis energética, o el problema de los servicios de seguridad social. El silencio es ensordecedor. Pero éstas son las crisis que están devorando a nuestro país y ordeñando a la clase media hasta dejarla seca.
 Tengo noticias para la pandilla en el congreso. No los elegimos para que se sentaran sobre sus traseros sin hacer nada y permanecer callados mientras nuestra democracia está siendo secuestrada y nuestra grandeza está siendo reemplazada por mediocridad.
 No estoy tratando de ser la voz del apocalipsis. Estoy tratando de encender un fuego. Estoy alzando mi voz y porque tengo la esperanza, porque creo en Estados Unidos. Durante mi vida he tenido el privilegio de vivir algunos de los mejores momentos de la historia de Estados Unidos. Y también experimenté algunas de nuestras peores crisis: la gran depresión, la segunda guerra mundial, la guerra de Corea, el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam, la crisis petrolera de los años 1970, y las dificultades de los últimos años que culminaron con el infame 11 de septiembre.


 Si algo he aprendido, es esto: No llegas a ningún lado si te quedas parado en la orilla esperando que alguien más tome la iniciativa.

 Ya sea construyendo un mejor auto o creando un mejor futuro para nuestros niños, todos tenemos un papel que jugar.
 Ese es el reto que estoy lanzando en este libro. Es una “llamada de atención” para aquellos que, como yo, creen en América. No es demasiado tarde, pero pronto lo será. Así que sacudámonos el polvo y pongámonos a trabajar.
 La apatia de la gente, es una enfermedad que nos tiene condenados.http://numrl.com/34303

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